Upon High Places

"Queridos jóvenes amigos, Uno superior a cualquier guía humano nos invita a seguirle sobre las alturas..." (La fe por la cual vivo, pág. 251)        Resources in French   Resources in Italian

Haiti

Haití, un país que sangra

“Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lc. 21:28).

Por la gracia de Dios pudimos viajar a Haití en el mes de mayo del 2010, junto con el pastor Antonio de la Rosa de República Dominicana y el hermano Sebastián, natural de Haití pero residente en los EEUU. Fuimos comisionados por la Asociación General para visitar a nuestros hermanos e interesados, supervisar la obra y proveer de ayuda del Buen Samaritano a los afectados por el terremoto y también a aquellos hermanos pobres.

El terremoto de Haití ocurrió el 12 de enero del 2010 y tuvo una magnitud de 7,0 grados, dejándose notar en República Dominicana, Cuba y Jamaica. Los muertos y heridos suman varios cientos de miles. Se habla de más de 200.000 muertos y unos 250.000 heridos. Pero lo peor es que bajo los escombros se calcula que puede haber también una cifra muy alta de cadáveres. Parece ser que las autoridades no tienen medios propios para desescombrar la capital de Puerto Príncipe con la celeridad que se haría en un lugar avanzado. Esto deja al país aún en mayor consternación, ya que mucha gente tiene todavía a sus familiares muertos debajo de las ruinas y estas se convierten a su vez en un nido de infecciones y enfermedades.

Esta catástrofe ha sido devastadora y se considera la más grave de la historia a nivel humanitario, teniendo en cuenta que Haití era el país más pobre de América Latina, ahora ha quedado en una situación todavía peor.

No es fácil para un extranjero que vive en un país desarrollado llegar a Haití y contemplar su realidad. El corazón se encoje y uno quisiera abrazar a toda la gente y decirle que en Cristo Jesús pueden hallar el consuelo y la esperanza que ellos necesitan en estos momentos. Me venían a la mente los versículos de la Palabra de Dios que profetizan el aumento de los terremotos y las enfermedades en el tiempo del fin, entre otros eventos.

Visitamos distintas partes de la isla donde tenemos obra establecida. Estuvimos en Cap Haitien con el grupo de hermanos. Ellos se reúnen en un lugar muy humilde y tienen interesados. En este mismo lugar han establecido una escuelita donde asisten unos ochenta niños, pero se necesita todavía mucha ayuda para que se desarrolle convenientemente esta labor docente, como un local adecuado, materiales para los niños, salario para los maestros, etc.

En esta área, aunque el terremoto no la afectó, existen muchas personas que tienen bastantes problemas y necesidades. Aquí entregamos ayudas económicas a varias personas en el nombre del Buen Samaritano. Como director de jóvenes me gustó ver a mucha juventud llenos de entusiasmo para conocer el mensaje y ayudar en la obra. Durante la semana presentamos, junto con los hermanos que venían conmigo, temas apropiados para ellos y también para los adultos.

Volamos a la capital. Como ya se dijo, la ciudad está muy afectada. Hay miles de tiendas de campaña esparcidas por doquier albergando a la gente que perdió sus casas. En una aldea cercana, Fond Michel, viven nuestros hermanos, ellos son pobres y el local donde se reúnen ha quedado un poco afectado por el terremoto, aunque no hay peligro de derrumbe. Este local es alquilado, bastante humilde, en un lugar alto de la montaña lo cual dificulta la asistencia de las personas mayores y con un pequeño precipicio cercano (a unos tres o cuatro metros de la puerta) que lo hace peligroso para los niños y además el local es muy pequeño y los hermanos anhelan el día en el que posean un local propio en mejor ubicación y condiciones. Un hermano ha cedido un terreno suyo y la Asociación General ya les ha mandado varias ayudas económicas con las que se ha comprado bloques para construir el nuevo templo. Todavía se necesita mucha ayuda económica pero esperamos que pronto el Señor provea los medios para que la hermandad pueda reunirse en un lugar más apropiado para adorar al Señor.

Aquí tuvimos la alegría de organizar la iglesia, darles la santa cena y también dirigir diferentes temas alentadores relacionados con la venida de Cristo y las señales del fin, el perdón, la gracia, etc. Los hermanos Sebastian y de la Rosa ayudaron mucho y también otro hermano haitiano que vino desde EEUU a esta parte del país y que estaba ya cuando nosotros llegamos, se trata del hermano Simón Beaubro. Ellos también presentaron temas y animaron a los hermanos.

Pudimos entregar a los hermanos e interesados: Arroz, legumbres, aceite, etc., a parte se les dio ayudas económicas y había personas enfermas a las cuales también se les ayudó con los recursos del Buen Samaritano.

En la capital tenemos un grupo al que fuimos a visitar. Todavía no son miembros pero están estudiando la Biblia y algunos de ellos ya han pedido el bautismo. La mayoría son jóvenes y están deseosos de seguir adelante en su experiencia espiritual. Unos pocos de ellos han perdido sus casas por el terremoto y el resto han sido afectados en algún grado. También en este lugar se necesita alquilar una casa, en principio, donde se puedan reunir para adorar el nombre de Dios. Se les proporcionó asimismo una ayuda a todos ellos. El pastor Martín Lagunas visitó la anterior vez a estos hermanos con el pastor de la Rosa, así como al resto de miembros del país. La Asociación General no cesa de apoyar la obra en este lugar en vista de las grandes necesidades que existen y del mandato bíblico que nos obliga a ello.

¡Qué lindo sería que cada joven aprovechase la oportunidad que Dios le brinda en el lugar donde vive, para entregar su corazón a Cristo! ¿Quién se ha parado a pensar que llegará el día, ya bien sea cuando uno muera o cuando acabe el tiempo de gracia, en el que nadie podrá tomar decisiones? ¿Qué pasará entonces? ¿Qué cuentas rendirá cada joven a Dios por no haber aprovechado el tiempo, los recursos, las circunstancias favorables?

El vivir en países con mayores posibilidades nos obliga a ser más responsables delante de Dios y del prójimo. Hoy es el momento de obrar y dejar una estela tras de cada uno de nosotros de bendiciones sembradas a lo largo del camino. Eso es lo que deseo para ti, querido joven.

Cuando regresé a mi casa me sentí el hombre más afortunado del mundo. Tenía a mi familia que me esperaba, agua corriente, una cama limpia, un lugar sin ratas, un lindo paisaje, comida en el refrigerador, la tranquilidad del hogar… ¡Oh, cuántas gracias a Dios! Le pido que me ayude a ser parte activa de aquellos que se dedican a llevar la bendición del Evangelio al mundo sufriente.

José V. Giner

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